De vuelta a Kenia
Contemplamos los últimos coletazos del amanecer en la playa de Matemwe mientras Serge alarga los minutos en brazos de Morfeo.
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| Amanecer en Matemwe |
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| Mujer recogiendo moluscos |
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| Final del amanecer |
Nos reunimos los tres para desayunar y decidimos salir lo antes posible hacia Stone Town.
Nos despedimos apresuradamente del equipo del Mohamed Bungalows y uno de ellos nos acompaña a la parada del dala dala.
En un momento de confusión cogemos el que va en dirección contraria pero rápidamente da la vuelta y nos alegramos puesto que va completamente vacío.
Nos despedimos apresuradamente del equipo del Mohamed Bungalows y uno de ellos nos acompaña a la parada del dala dala.
En un momento de confusión cogemos el que va en dirección contraria pero rápidamente da la vuelta y nos alegramos puesto que va completamente vacío.
Cuando vamos llegando a Stone Town le pedimos la vuelta al cobrador y nos sonríe haciéndose el loco. Nos dice que cuando lleguemos nos devuelve los 4.000 chelines que nos debe.
Se hace de rogar pidiendo quedarse con 1.000 por bajarnos las maletas pero al final nos da todo nuestro cambio.
Llevamos las mochilas al hotel en el que estuvimos alojados donde nos las guardan sin problema y nos vamos a comer otra vez al mismo bar donde comimos el primer día que llegamos a Zanzíbar, el Lukmaan.
Miramos el email para saber si vamos a volar a Mombasa o no. Nos contestan que sí tenemos los billetes confirmados.
Compramos algunos recuerdos.
Serge y Kati se quedan cerca del hotel y Emili se va a visitar el Palacio del Sultán.
Cuando regresa nos vamos al aeropuerto donde nos dicen que el vuelo tiene otro horario y que llega con retraso.
En el caótico aeropuerto no hay ni una pantalla que dé información alguna.
Gastamos los últimos billetes tanzanos.
Nos metemos en el avión, por fin, después de más de una hora de espera. Sorprendentemente y aunque sea una compañía pequeña, 540, nos dan la merienda.
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| Aeropuerto de Mombasa |
Cogemos un taxi a la llegada. En el aeropuerto no había nadie, ni siquiera policías que sellaran nuestros pasaportes.
Una amable señora policía o vigilante nos pide los pasaportes y nos da la bienvenida muy cariñosamente después de quedarse anonada al decirles que vamos a pasar una noche en Mombasa en vez de irnos directamente a Diani Beach.
El taxista es simpatiquísimo y tiene una risa muy contagiosa.
Al ver Kati y Serge que los cinturones de detrás no funcionan, él dice que estamos en África y se ríe.
Llegamos al hotel. Pedimos unas toallas que nunca llegan y vamos a cenar a un restaurante no muy definido donde comemos algo medio hindú y keniata.




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