El parque nacional Tarangire
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Nos vienen a buscar al hotel media hora después de lo acordado para comenzar los safaris.
Somos transportados a la Oficina de Arusha donde nos hacen cambiar de todoterreno. Estamos expectantes a ver quiénes serán nuestros compañeros de safaris: ¿serán españolitos, franceses, canadienses, alemanes tal vez, o italianos?
De la Oficina nos llevan a una especie de parking desde donde salen todos los todoterrenos para comenzar el trayecto hacia el Parque Nacional de Tarangire. De otro vehículo se baja una pareja joven y se sube al nuestro. Ya sabemos quiénes son nuestros compañeros de aventura.
Se presentan, Kezia y Cristiano. Galesa e italiano que viven en Madrid, por lo que a ratos hablamos en inglés y a ratos en español.
Por el camino empezamos a ver los misteriosos baobabs.
Cuando llegamos al Parque tenemos que hacer tiempo para que el conductor haga las gestiones de entrada, por lo que fotografiamos baobabs, damos un paseo y nos tomamos unos cafés acompañados por unos monos de caras negras y huevos azules que Emili fotografía.
El Tarangire tiene encanto pero damos vueltas y más vueltas por los mismos caminos, apenas vimos la parte norte.
En un lago vemos una jirafa, diferentes hervíboros, ñus y muchos elefantes, sobre todo hembras con sus crías, que se dedicaban a rascarse en los árboles y bañarse en pequeños lagos.
Las cebras son las más numerosas y las que más se acercan a nosotros. También son numerosos los impalas.
En el río Tarangire nos quedamos un largo tiempo puesto que, plácidamente, retozaba un bellísimo león macho con su melena al viento.
Hacemos una parada en un merendero que hay dentro del parque para comer lo que nos han preparado en una cajita. El menú no es muy apetecible. Nos acompañan unos lindos pajaritos azules.
Nos vamos al campamento y a nuestra tienda de campaña, cerca de un mirador. Cenamos y conocemos a gente de España, Grecia, Canadá y Hong Kong con la que compartimos la mesa. Al finalizar la comida, los autóctonos, todo hombres, hacen un show muy particular con música (ya tenemos la banda sonora del viaje: “yambo, yambo, yambo, hakuna matata”) y acrobacias dignas del Circo del Sol.
Kati se va a dormir y Emili y Serge se quedan compartiendo cervezas con Kezia y Cristiano.






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